“La vivencia”: La ley de los mínimos máximos II

Este es un post atípico, no es fruto de una reflexión temática sobre los temas que quiero tratar con vosotros mediante el blog; este post es fruto de los acontecimientos que están sucediendo durante este puente de la constitución en el que medio país está de vacaciones y otro medio (entre los que me incluyo) ha sido víctima de los retrasos producidos por el control aéreo.

En cualquier caso, creo que todo lo que está sucediendo no es más que el reflejo y desarrollo del concepto de “la ley de los mínimos máximos”; por eso he titulado este post: “La ley de los mínimos máximos 2ª parte”.

Viernes 3 de diciembre; 6´15 de la mañana: Llego al aeropuerto del Prat en Barcelona para viajar a Bilbao y luego hasta San Sebastián en coche, donde tengo distintas reuniones de trabajo.

Me sorprende la gran cantidad de personas que a estas horas están en el aeropuerto (parece el 1 de agosto), en concreto familias con hijos que se van de vacaciones. Mi primera reflexión es ¿Qué pasa con la escuela de estos niños?, ¿estarán ya de macro puente? ¿O será que a sus padres no les importa que se tomen un día más de vacaciones, dejando de asistir a clases y dando un pobre ejemplo sobre la responsabilidad que cada uno de nosotros tiene en esta sociedad?; ¿no es el nuestro uno de los países con mayor fracaso escolar?. Claramente uno de los máximos de algunas familias españolas, no es la educación de sus hijos.

La segunda reflexión es ineludible: ¿No estamos en crisis? ¿no estamos en un país con el 20% de paro?, ¿toda esta gente se ha tomado un día más de vacaciones a añadir al macro puente de la constitución?; ¿no es la productividad uno de los problemas más graves de nuestra economía? ¿és este el grado de concienciación de lo que cada uno de nosotros en sus distintas posiciones puede hacer para que todo esto avance un poco y podamos tener más luz sobre nuestro futuro?

Todos tienen una cara de felicidad y tranquilidad envidiable; ¿es que nadie lee las noticias…o lo que leen les trae sin cuidado?; ¿es esta la semana de las grandes turbulencias de las deudas soberanas, en la que la bolsa ha caído 6 puntos en 2 días, el Gobierno ha anunciado privatizaciones y la eliminación de la continuación del subsidio de desempleo? ¿Estoy asistiendo a una representación de la mentalidad mediterránea, la actitud de los latinos frente a la vida y al “que me quiten lo bailao” español?

Viernes 3 de diciembre, 16’30h de la tarde: Me dirijo en coche de alquiler de San Sebastián al aeropuerto de Bilbao, donde tomar un avión y regresar a Barcelona para empezar mi fin de semana.

Nueva sorpresa: En el control de seguridad del aeropuerto hay una cola inmensa (igual que en agosto). He leído en la prensa que prácticamente la oferta de las islas (Baleares y Canarias) y de turismo de nieve, está al 100% de ocupación; reflexión: ¿tanto ha cambiado la prioridad de consumo de los españoles?; en momentos de crudeza económica, ¿hemos puesto por delante de otras prioridades la necesidad de hacer turismo y vacaciones?

Viernes 3 de diciembre, 20’30h de la tarde: Mi temor es ya una realidad; los controladores han declarado una “huelga” salvaje y la posibilidad de regresar a casa en avión es nula. Si uno no pone cifras económicas de salarios y bonus a las condiciones de los controladores aéreos, parecería que estamos frente a una reivindicación básica de los sindicatos del carbón o de la construcción naval (las herramientas son las mismas; sindicatos durísimos, enfrentamiento radical y acciones contundentes y salvajes): Sin duda los mínimos de los controladores son muy máximos; seguramente en proporción a la distancia con la realidad del resto de los ciudadanos.

Viernes 3 de diciembre, 22’30h de la noche: Después de jugarme el físico, he conseguido un coche de alquiler (mis 3 viajes semanales han tenido su peso); conduzco hasta Zaragoza donde dormiré y al día siguiente cogeré un AVE dirección Barcelona.

Voy escuchando el programa especial de la Cadena Ser sobre el caos aéreo; escucho innumerables testimonios de mínimos máximos de los españoles: Los que intentan volar por reales situaciones de necesidad (operaciones quirúrgicas, bodas & bautizos, entierros, etc.), los que como yo regresan a casa después de una semana, 3 días o un día intenso de trabajo (también muy estresante la mayoría), los que querían hacer vacaciones después de ahorrar todo el año y ya no podrán volver a hacerlas (por tiempo y dinero) hasta un año después); escucho también a gente indignada porque ha tenido que cambiar su semana en Londres por otra de esquí en Baqueira donde sí pueden llegar en coche. Todo ello un amplio catálogo de mínimos máximos.

En paralelo escucho alguna reivindicación de los controladores: Lo estresante de su trabajo, las jornadas laborales que tienen que cumplir, lo dura que está la vida, etc. Voy haciendo paralelismos con los funcionarios que han visto reducido su sueldo, los médicos de urgencia sobrepasados por la demanda de pacientes, el conductor de un autobús urbano que sortea el tráfico, cobra el billete, controla al pasaje y sufre los “piropos” de conductores y pasaje. Sin duda todo ello, una lección más de mínimos máximos.

Sábado 4 de diciembre, 00’30h de la madrugada: Paro en un área de servicio del autopista en Calahorra para comer algo. Me encuentro a los camareros eufóricos y sobre excitados: Parece ser que hoy (sábado) por la tarde en el área de servicio parará el autobús del FC Barcelona, de camino a Pamplona. Quien no se conforma es porque no quiere; una lección más de mínimos máximos y de la importancia social del futbol.

Sábado 4 de diciembre, 01’30h: Estación Delicias en Zaragoza, Hotel USA Delicias; debe haber una convención del consulado Chino, el hotel está lleno de Chinos, todos contentos y felices como Chinos, están abriendo montones de cajas de muestras de mercancía; no sé de que va todo esto pero hay una actividad frenética. Deben de ser de los pocos que están en España que les trae sin cuidado el control aéreo y si no es así, todo está cubierto por el fulminante ascenso de mínimos que están consiguiendo como sociedad.

No me gusta esta estación; la encuentro muy bonita arquitectónicamente, pero creo que es el lugar de España que más frío hace; es como una nevera gigante (claramente el arquitecto y los usuarios tienen una ley de mínimos máximos invertida, un ejemplo más de potenciar la infraestructura por encima del servicio….hay tantos!!). El conserje del hotel me da una habitación “de un ala que normalmente está cerrada”… No puedo dormir en toda la noche!!, hace tanto frío que el aire acondicionado no consigue aumentar la temperatura…siguen las noticias de los controladores en la TV y sus condiciones de vida.

Sábado 4 de diciembre, 11’30h de la mañana: Finalmente llego a Barcelona; hace más de 48h que apenas duermo y me desplazo por este país y su inmenso catálogo de mínimos máximos. Toda una lección social.

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Mª Luisa Vives – Jaime Gross

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