¡¡Métodos, métodos y más métodos!!

Cuando el conocimiento anula la excelencia

No deja de sorprenderme la velocidad con que las nuevas estrategias de gestión se instalan en nuestras empresas. En el momento en que se detecta la competitividad de una práctica, rápidamente florece una red de oferta alrededor de la misma que tiende (como así aparentemente lo indica el sentido común) a la autosuficiencia de las empresas respecto a la solución del problema.

La velocidad de los cambios tecnológicos, sociales y de ciclos económicos ha acelerado la entrada en obsolescencia de muchos modelos de negocio y de las categorías de productos y servicios que los componen; no es de extrañar que en respuesta a ello, prolifere una amplia oferta de servicios, métodos y prácticas que inciden sobre la innovación estratégica y la reconversión de los modelos de negocio.

Hoy es prácticamente imposible encontrar empresas y ejecutivos que, concienciados sobre la innovación estratégica, no emprendan acciones para incorporar conocimiento y metodologías en sus estructuras, que les aseguren el aporte de nuevos conceptos de productos y servicios, la adaptación de la empresa y sus estructuras a los cambios del entorno y en resumen garanticen el futuro de la misma.

La velocidad de los cambios tecnológicos, sociales y de ciclos económicos ha acelerado la entrada en obsolescencia de muchos modelos de negocio y de las categorías de productos y servicios que los componen

De este modo, vemos la proliferación de conceptos que inciden en la línea más estratégica de las compañías, proporcionan métodos que aseguran el paso a paso para un proceso innovador o simplemente facilitan herramientas para acelerar procesos de información del usuario, captación de datos, etc. Palabras como “innovación abierta”, embudo de ideas, gestión del pipe creativo, brainstorming, observación del usuario, clima creativo, remuneración en base a la innovación, etc. forman parte de nuestra vida profesional cotidiana.

Tengo la percepción de que no es directamente proporcional el esfuerzo que están realizando las compañías en introducir metodologías y prácticas, con el nivel real de los resultados obtenidos. Según el diccionario de la Real Academia Española, método, es el “modo de decir o hacer algo con orden”, “Procedimiento que se sigue en las ciencias para hallar la verdad y enseñarla”.

Realizando un causa/efecto (no falto de inocencia), fruto de las anteriores estrategias y metodologías, nunca como en este momento, las empresas estarían desarrollando propuestas de modelos de negocio y de productos y servicios, tan destinadas a triunfar en los mercados.

Podríamos añadir que algunos de aquellos sectores donde más implantadas están las metodologías de innovación, más unifican el resultado obtenido entre las empresas que concurren en el sector. Nada más alejado del interés inicial. ¿Porqué sucede este efecto?, ¿Qué es lo que produce que en algunos casos buscando la excelencia y la diferenciación se obtenga la homogeneización y la mediocridad?

Intento a continuación enumerar tres factores que a mi entender pueden aportar alguna explicación al respecto:

-La introducción de metodologías o formas de paso a paso para la innovación, nos iguala en conocimiento con la competencia, pero no nos asegura la excelencia del resultado. Lo que asegura es que organizaciones competidoras siguen los mismos pasos, beben de las mismas fuentes, analizan los mismos datos, entrevistan a los mismos consumidores y en consecuencia, obtienen los mismos resultados: La excelencia del método, anula la posible ventaja competitiva a obtener.

-Las compañías (ninguna), independientemente de su tamaño, potencia o foco pueden ser totalmente autosuficientes; mucho menos en temas de conocimiento y su aplicación. Es muy difícil encontrar profesionales o estructurar departamentos que nos aseguren algo más allá de la mejora continua, que nos aseguren la maximización del conocimiento existente y de las posibilidades que este puede aportar a nuestra organización para producir cambios rupturistas y nuevos horizontes de explotación.

-El valor de las cosas, de aquello que hacemos, es una ecuación compleja en constante movimiento y adaptación. Es un contraste continuo entre el conocimiento que aglutina la organización (y sus personas), con el conocimiento que hay en el exterior (en constante cambio), adaptado al entorno y su circunstancia y tamizado y modificado por el filtro de valor corporativo que forma el ADN de cada empresa o profesional.

Creo que el análisis de estos tres puntos deberían hacernos reflexionar sobre la aplicación e idoneidad de estas prácticas, del mix necesario para cada sector y empresa, de cuando debemos desarrollarlo con profesionales internos y cuando debemos buscar la aceleración y punto de vista de un equipo externo, de las limitaciones de la dimensión de la persona en capacidad y conocimiento, de lo absurdo de cerrar el paso al conocimiento, al cambio y a las tendencias que nos afectan; y sobre todo del gran valor del ADN explícito de cada compañía. ¡¡¡Que nada ni nadie lo destruya!!!

 

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Mª Luisa Vives – Jaime Gross

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